Homenaje a Victoria Kent (UMA Editorial, 1989), de María Dolores Ramos Palomo (coord.).

Victoria Kent (Málaga, 1898 – Nueva York, 1987) fue abogada y se convirtió en la primera mujer colegiada en el Colegio de Abogados de Madrid. Homenaje a Victoria Kent (UMA Editorial, 1989) recoge los textos de cuatro conferencias y pone en valor la figura de esta política malagueña en el contexto de la filosofía y el feminismo. Se llamó Victoria, como el barrio malagueño en que nació. Estudió Derecho en 1917 en Madrid y fue diputada por el Partido Radical-Socialista. Fue directora general de Prisiones en 1931 y promovió lo que hoy se conoce como «permiso de salida» de los presos, entre otras medidas.

María Dolores Ramos Palomo prologa y coordina en este libro coqueto y atractivo cuatro conferencias que enlazan la figura de Kent con varios asuntos de actualidad: «Victoria Kent: vida y obra», de María T. González Calbet; «La figura femenina en el regeneracionismo español. Dos modelos, el novecentista barcelonés y el liberal madrileño», de Cristina Dupláa; «Liberalismo, marxismo y feminismo», de Carmen Elejabeitia, y «Creencias y valores básicos en la España de los ochenta», de María Ángeles Durán.

La edición interior del libro tiene deficiencias porque los márgenes superiores son muy ajustados y hay algunos errores ortográficos y de edición, sobre todo en el prólogo, lo que llama la atención al tratarse de conferencias académicas publicadas por una institución universitaria y escritas (y pronunciadas, imagino) por profesoras. Desde la primera página del prólogo se expone al lector la vida de Victoria Kent y se reivindica su figura en la historia. Una historia, muchas veces, de visión androcéntrica y que ignora a las mujeres como ella.

Pese a esto, la segunda y la tercera de las conferencias transcritas no citan ni una vez a Kent. Aunque los temas que abordan puedan seguir su línea de pensamiento, deberían haberlo expuesto de forma explícita, ya que el libro gira en torno a ella. Se tratan temas como la relación entre feminismo y marxismo, la opresión a las mujeres y a las clases sociales, las ideologías nacionalistas y cómo encaja la figura de la mujer en ellas, el regeneracionismo y la europeización. 

La posición de Kent con respecto al voto femenino durante la II República fue muy criticada porque se opuso a él (querían proponerlo, según se dice en el prólogo, por «utilitarismo político»). Pero no por ello dejó de luchar por los derechos de las mujeres, al contrario, pues no hay más que verla a ella y los cargos que desempeñó. Un cargo, el de Prisiones, donde fue propuesta por el propio Alcalá-Zamora, entonces presidente de la República.

En esta posición puso en marcha medidas como la eliminación de cadenas y grilletes para los presos, mejora de su alimentación, cierre de más de un centenar de cárceles inmundas y eliminación de la obligatoriedad de los presos de asistir a misas católicas si no tenían sentimientos religiosos, entre otras. Azaña dijo de Kent que era «demasiado humanitaria», llamando a su cese al ministro, como finalmente ocurrió.

Aparte de su figura política en el Gobierno de la República, las conferencias también exploran el sufragio femenino más allá de Kent y la presencia de la mujer en entornos laborales que la despojaron de su papel de ama de casa o mujer del hogar. Más tarde, Kent aceptaría un trabajo sobre cárceles de América Latina en la ONU. Se exilió a Francia durante la Guerra Civil, marchó a México después y en los años cincuenta se asentó definitivamente en Nueva York, donde falleció con casi noventa años.

Como puntos negativos, destacaría, además de la no mención a Kent en algunas de estas conferencias, que la segunda de ella incluye fragmentos de obras en catalán y no las traduce a pie de página como (creo) habría sido conveniente porque ni yo (que estudio catalán en mis ratos libres) entendía algunas frases. Kent siempre fue una firme defensora de la mujer, así como de su independencia económica y su libertad para votar, que fueron los principios del feminismo.

También se habla de marxismo porque este defiende la ruptura de la propiedad privada. Una ruptura que llevaría a los hombres a no poder explotar a otros (en ese otros entran las mujeres). Excepto el prólogo y la primera conferencia, el resto del contenido son teorías políticas, píldoras históricas (de interés razonable pero bostezante a veces) que saltan por alto cualquier mención a Kent. Pese a todo lo político, la última conferencia sí la cita, se aleja de divagaciones y expone datos de estudios realizados sobre salud, dinero, amor, aborto, eutanasia, religión y vida ultraterrenal entre la población española a finales de los años ochenta.

Por ejemplo, se nos dice que en aquella época el 81% de los hombres y el 92% de las mujeres creían en Dios (73% de varones jóvenes y 83% de mujeres jóvenes). O que en 1989 el porcentaje de mujeres en el Parlamento era del 6%. «Las mujeres jóvenes son ahora en buena parte el resultado de lo que otras mujeres —ya desaparecidas— pudieron ser», se dice. Podemos verlo en nuestros días, con los grandes avances que se están produciendo por la igualdad entre hombres y mujeres, aunque aún queda camino por recorrer.

¿Cuál es la finalidad de la vida sino vivirla? Kent hizo de su paso por el mundo y por la política española un avance loable como puede verse en estas páginas. No es una biografía, ni siquiera un breve repaso de su trayectoria, aunque lo intentan con buen resultado el prólogo y la primera de las conferencias. Aquí se habla de diferentes temas con la figura de Kent como pretexto y fondo para conocer un poco más tanto quién fue ella como qué temas ocupaban las preocupaciones de las mujeres en la época.

Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Nunca he leído nada de Victoria Kent, así que este libro no me recuerda a ningún otro. No sé por qué, pero tiendo a confundir a Victoria Kent y a Trinidad Grund, al ser dos mujeres malagueñas de apellido extraño (si no extranjero). No son figuras con un mito detrás (como podrían ser la Pasionaria o Clara Campoamor), sino que están en una niebla confusa y por ello tienden, si no a confundirlas, sí a desconocer quiénes fueron realmente aunque suenen los nombres. Además, quiero destacar que, en una de las conferencias se habla de la patria potestad de las mujeres sobre sus hijos. Este tema me recordó a algunas fotografías de Laurie Simmons, sobre todo aquellas dedicadas a la mujer-casa. Si no conoces la obra de esta fotógrafa neoyorkina (precisamente), ya estás tardando.


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