Secretos (Editorial Dieciséis, 2019), de Mara Mahía.

Cuando la familia se reúne por fiestas o aniversarios, sus miembros suelen beber para celebrar. A veces, se bebe de más, y entonces salen a relucir lo que, bajo el manto de la sobriedad, permanece enterrado. En Secretos (Editorial Dieciséis, 2019), las heridas se abren y esas confidencias familiares ya no son tal porque se descorcha la botella de las impurezas humanas. Mara Mahía (A Coruña, 1968) retrata en esta novela un paisaje humano veraz y que, además, se entrelaza con el de su propia familia.

En esta novela, la autora habla de la memoria, del paso del tiempo y, sobre todo, de dos mujeres: su madre y la hermana de esta, Leonor, que se marchó a América y, tras una década de comunicación por carta, nada más se supo de ella. La protagonista de esta historia se propone, por tanto, recomponer ese puzle familiar, desde la desaparición del mapa de su tía Leonor hasta el descubrimiento de algunos secretos guardados bajo el manto del dedo índice vertical en los labios y la mirada a otra parte.

Mahía narra aquí algunos de esos recuerdos de antaño, memorias de un hogar que ahora no es tal, la crónica de una familia como cualquier otra. Una historia que se remonta hasta la guerra civil española, las huidas y la miseria. La autora teje un árbol genealógico complejo que comienza con sus abuelos Antonio y Leonor, que sigue con sus padres, con sus tías Federica y Leonor —tuvo otra tía Leonor que falleció de frío según unos, de hambre según otros, siendo apenas una niña— y que termina con ella misma y con su hermano.

La familia constituye uno de los principales misterios cuando se es pequeño. Los niños a veces desean arrimar el oído y descubrir los entresijos de aquellos con los que comparten sangre, apellido, techo o mesa. Quieren indagar en sus familias, compuestas por nombres que se repiten porque pasan de unos a otros, de familiares lejanos que se exiliaron o emigraron y de otros que murieron y que no tienen presencia jamás en las conversaciones, al menos en las sobrias.

Mahía construye en Secretos una historia de caminos que parecen cruzarse y que, finalmente, se separan, llevando a los caminantes a veces a pozos oscuros de donde no volverán a salir. Los secretos se heredan, como si de una enfermedad se tratara. Aunque si realmente fueran secretos se irían a la tumba para siempre con el último familiar que los poseyera.

La memoria nos enseña que se deben contar historias, pero no se deben confundir las mentiras con los secretos. Una de las formas de encontrarse a sí mismo es a través de la indagación y escritura de los secretos familiares. Por eso, la narradora y protagonista de esta historia busca en su mente quién fue en realidad su madre. Las mujeres tienen mucha fuerza en esta obra, al igual que su presencia durante el franquismo y la guerra civil, cuando se las relegó al papel de mujer sumisa.

Con un estilo claro y atractivo, la autora crea una historia donde el aparente manto de realidad también puede ocultar trazas de ficción. Mantiene el interés e interna al lector en la realidad de su pasado familiar. El lector queda embobado con la historia de su tía Leonor, que marchó a América en 1952 en el buque Esperanza, y con su abuela, una mujer que no habla demasiado, pero que sí escucha y observa.

A través de fragmentos de lo que parece ser el diario de su madre, unas píldoras de texto con mucha fuerza narrativa, la narradora guía al lector hacia un amplio abanico de familiares que dibujan el coro completo de personajes y temas como la ausencia paterna o la búsqueda de la tía Leonor. El ritmo acompasado de la novela sirve a la narradora para rebuscar entre un pasado sucio y modificado. No busca la limpieza, sino la clasificación de los elementos que componen las palabras nunca dichas.

Mahía presenta al lector una España llena de muertos y con la conciencia aún intranquila. Los secretos mantiene unidos a unos personajes de andares sigilosos y mirada esquiva. Aquí se pone en valor las historias sobre los hombres y las mujeres, la mayoría de ellos españoles, que transcurrieron antes, durante y después de la guerra civil española. La autora analiza también las relaciones familiares, concretamente la de su madre con su única hermana viva y cercana, Federica.

Los secretos se atan a las entrañas, se incrustan en la sangre de generación y generación y no se sueltan. Por eso Secretos es una historia con apariencia de oscuridad que, sin embargo, impregna de luz un pasado familiar concreto en el que pueden identificarse otras voces y otros apellidos. Este libro se va iluminando con el paso de las páginas, hasta que finalmente algunos secretos salen a la luz, impelidos por la abrumadora fuerza de la luz, y con ellos también sale la verdad, que siempre ilumina todos los rincones. Al final, solo cabe premiar al aguante con cenizas.

Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Secretos me ha recordado muchísimo a Dicen, de Susana Sánchez Arins. Las estructuras de ambos libros son distintas, pero ambas exploran historias familiares durante la guerra civil con especial énfasis en la figura de la abuela en ambas. También se diferencian en el enfoque, pero en general son muy parecidas. Además, sospecho, aunque uno ya no puede estar seguro de nada, que en ambas se narran las vidas familiares de las autoras.


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