Autor/a extranjero/a · Ensayo

Mi guerra civil española, de George Orwell

Mi guerra civil española (Destino, 1978), de George Orwell y traducido por Rafael Vázquez Zamora y Josep C. Vergés.

En este libro de cubierta desaliñada y título simplón, encontramos al autor de las celebérrimas 1984 y Rebelión en la granja en torno a una selección de cartas, críticas de libros y ensayos brevísimos que escribió mientras vivía la Guerra Civil española.

George Orwell (1903-1950) viajó a España en 1937 y allí se alistó en el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), una de las tantas facciones que luchaban contra el levantamiento nacional, caracterizada por ser contraria al estalinismo. Luego, la multitud de estos grupúsculos desmoronó la posibilidad de mantener el gobierno de la República, debido a sus enfrentamientos internos y discrepancias varias.

Desde un principio, Orwell se mostró contrario al comunismo y a estas luchas que dieron rienda suelta a la victoria nacional. También denunció tajantemente la pasividad de algunos países como Inglaterra con respecto al conflicto que estaba teniendo lugar en España, así como la imagen que los periódicos de izquierdas estaban dando del mismo allí, muchas veces ocultando información que le convenía según la línea editorial del medio, asegurando que lo que dicen los periódicos ingleses son «mentiras descaradas».

En febrero de 2020 escuché en directo a un historiador catalán decir que Orwell no sabía dónde se metía cuando llegó a España para luchar en la Guerra Civil. En cierto sentido, esto explicaría que, cuando le hieran en el cuello, y mientras está recuperándose, eche de menos su hogar. «He visto cosas increíbles y por fin creo de verdad en el socialismo». Quizás no sabía dónde vino, pero sí supo dónde iría cuando huyera.

En efecto, Orwell huyó de España a través de la frontera con Francia en junio de 1937, después de que se prohibiera y suprimiera el POUM, el partido en el que había estado alistado. Todos sus miembros fueron encarcelados, y él logró escapar por poco. Llega a decir Orwell que el gobierno republicano teme más a la Revolución que puede producirse si se consuma la victoria republicana que a los fascistas. De hecho, el propio autor califica al Frente Popular como un cerdo de dos cabezas.

Ordenadas cronológicamente, sus cartas no son simples misivas, sino respuestas a veces acaloradas o comentarios críticos con la prensa británica, personas concretas o grupúsculos que luchaban en la Guerra Civil. Por ejemplo, habla de una duquesa británica que, pese a su estatus y clase social, defiende a los comunistas españoles porque sabe que el fascismo amenaza a Gran Bretaña. Sin embargo, el autor dice que la mayoría de la clase gobernante británica apoya a Franco.

En definitiva, en todas las cartas hay juego, hay crítica, no son cartas llanas ni bostezantes. En algunas critica a la Iglesia, a la que califica como «parasitaria». En otra, habla por ejemplo de la Guardia Urbana de Barcelona como grupo de apoyo a la República, y habla de la Guardia Civil como «cuerpo profascista». Por otro lado, defiende a figuras como el coronel Segismundo Casado y Julián Basteiro, criticados por la izquierda por su voluntad de evitar la guerra y las muertes inocentes.

Alguna vez habla Orwell del valor de la vida humana y reclama pide desarrollo y paz como elementos esenciales de la sociedad y el mundo que quiere ver. Por ejemplo, cuando dice: «Nos hemos hecho demasiado civilizados para captar lo evidente. Pues la verdad es muy sencilla. Para sobrevivir hay que luchar, y para luchar hay que ensuciarse. La guerra es el mal y con frecuencia es el mal menor. Los que blanden la espada, por la espada perecerán y los que no blanden la espada, perecen por pestilente enfermedades».

Con una traducción deficiente a mi parecer y algún toque de ironía, el material reunido de Orwell sobre un conflicto que nos pilla de cerca geográficamente hablando, ilustran al lector de cómo vivió la guerra un periodista y escritor extranjero como él. Lejos de miradas inyectadas de ideología, la visión de los extranjeros a veces fue propicia para entender mejor la Guerra Civil española, aunque esto no excluye que a veces también fuera una visión ideologizada u oportunista.

Sea como fuere, la obra es una buena muestra de cómo Orwell vivió algo como esto y su intento por reclamar paz. De hecho, y para terminar, a un amigo caído le escribe: «Ninguna explosión de bomba destruye el espíritu cristalino».

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