Antología de textos·Autor/a español/a

Cada mesa, un Vietnam, de Enric González (ed.)

Cada mesa, un Vietnam. Sobre el oficio del periodismo (Jot Down Books, 2017), de Enric González (ed.)

«La pequeña guerra que libra cada periodista está perdida de antemano si no se practica correctamente el oficio. Este libro puede ayudar un poco, tal vez, a evitar la derrota. O al menos a demorarla». Esta es la carta de presentación de este libro. Además, si le damos la vuelta y vemos en la contracubierta el elenco de periodistas que contribuyen a este volumen con sus textos es imposible no comenzar a leerlo en el instante.

Entre ellos, grandes plumas como Miguel Ángel Bastenier —fallecido en 2017—, Manu Brabo —fotoperiodista ganador de un Pulitzer, ahí es nada—, Pepa Bueno, Nacho Carretero —autor de Fariña—, Arcadi Espada, Leila Guerriero, Manuel Jabois, Rosa Montero o Hermann Tertsch —actual europarlamentario de VOX—, entre muchos otros. Entre estas páginas, cada uno de ellos aborda un aspecto diferente del periodismo: el reportaje, la crónica, la corresponsalía, el periodismo deportivo, el periodismo local, la dirección de un periódico… ofreciéndonos unos textos que huelen a periodismo fresco y de buena calidad.

Además de hablar de las diferentes vertientes del periodismo también abordan problemas actuales de la profesión —¿o debería decir oficio?— como la previsible muerte del papel en pro del periodismo digital.

Por un lado, se habla de las entrevistas. Lo hace Rosa Montero, que no necesita presentaciones, ya que, según dice, ha realizado más de 2000 a lo largo de su vida. Ella anima a entender al entrevistado, comprenderlo y empatizar con él sin prejuicios para que se abra. Actualmente, las nuevas tecnologías hacen posible ir más allá del clásico cara a cara: podemos entrevistar por teléfono, por videollamada o a través de un simple correo electrónico. Sin embargo, la mejor opción sigue siendo en vivo y en directo, vis a vis, donde puedas ver los gestos del entrevistado, su lenguaje no verbal, donde puedas repreguntar —¡importantísimo!—, donde puedas ponerlo en aprietos —si ese es el objetivo— y establecer una conexión más íntima y cercana sin pantallas de por medio.

Hablemos del género que hablemos, hay que transmitir la información a la ciudadanía de manera clara, sin tecnicismos ni párrafos enrevesados. Por ello es importante la labor, por ejemplo, de los cronistas. Cabe destacar el texto que publica Leila Guerriero —quizás mi favorito de este volumen, siento ser parcial— por lo bello que lo escribe y las historias que cuenta entrelazadas. Ahí radica la diferencia de contar una historia con una buena pluma periodística y un compromiso humano y escribirla desde el mullido sillón de una corporación en la que los tecnicismos y eufemismos crecen como enanos.

Hay algunas secciones periodísticas que dan más respeto que otras. Por ejemplo, el periodismo científico y el económico. Es por ello por lo que aquí dos periodistas hablan sobre ambas cuestiones con claridad, porque lo más importante en el periodismo —y sobre todo en las secciones más proclives a atragantarse— es la claridad de exposición, comunicar a los lectores de manera límpida y con un titular atractivo —a la vez que veraz, cuidado con el clickbait— para no espantarlos hacia la sección, por ejemplo, de deportes.

Siendo sincero, también me ha gustado mucho el texto de Manu Brabo. Y el que escriben a cuatro manos Mónica G. Prieto y Javier Espinosa me ha maravillado. En definitiva, todo el conjunto de textos — del que se puede aprender muchísimo se quiera ser periodista o no— es una delicia.

José Sámano nos habla de los deportes, Echevarría se pregunta si la crítica es un género periodístico y si pertenece a la información, opinión o publicidad —dice que no es ninguno de los tres, aunque algo de información tiene, y de opinión también, añado yo—. Luego viene la dificultad que supone dirigir un medio por parte de una mujer, que sigue estando en desventaja con respecto a los hombres. Carretero desconfía del periodismo activista, mientras que el texto de Guerriero se llama «periodismo comprometido».

Conclusión: como periodista hay que pisar la calle, gastar suela, buscar historias de gente en diferentes formatos, ya sea para una crónica, un reportaje, una entrevista o un breve. Hay que conocer la realidad y la vida de los otros para entender muchas otras cosas, el contexto de un país, nuestra historia o incluso a nosotros mismos o nuestra forma de pensar. Si yo defendiera las lecturas obligatorias, implantaría esta en el grado de Periodismo de todas las universidades españolas. O al menos lo daría a conocer como lectura optativa, porque considero que, más allá de la obligatoriedad, este libro debería despertar interés a todo aquel que quiera dedicarse al bello arte del periodismo, ese que Gabo consideraba el mejor oficio del mundo.

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