Autor/a español/a·Narrativa

Cálculo de derrota, de Enrique Rojas

Cálculo de derrota (Editorial Virgulilla, 2020), de Enrique Rojas.

*incluye la entrevista que le hice al autor para Nostromo Magazine

El voluntariado es una forma de vida. Hay personas que se construyen a partir de actos altruistas. El protagonista de Cálculo de derrota (Editorial Virgulilla, 2020) es uno de ellos. Acaba de vivir una dolorosa ruptura y decide embarcarse en un viaje de voluntariado que quizás le sirva de bálsamo. A partir de entonces, el protagonista emprende una búsqueda propia y también de su futuro.

Esta obra, narrada principalmente en primera persona, muestra la mejor y la peor cara del ser humano. Cálculo de derrota está compuesta por un prólogo de José Antonio Hernández Guerrero, tres partes y treinta y ocho capítulos. Casi todos los capítulos se desarrollan en un lugar diferente del mundo. Así, el lector viaja en apenas unas páginas desde Nicaragua hasta Ruanda y, como punto de inicio y de final, Chiclana.

Enrique Rojas (Cádiz, 1973) ha escrito una obra donde predominan el lirismo y las metáforas que engalanan un texto duro. El autor ensalza cada pasaje con prosa poética y habla sobre la búsqueda de algo o de alguien que emprende su protagonista. Las primeras páginas de la novela contienen una mayor carga de la narración, pero hay multitud de diálogos que agilizan su lectura y permiten adentrarse en la psicología y en las emociones de los personajes.

En esta novela hay ruinas, miseria, pobreza, hambre, violencia, abuso, enfermedad, tristeza, resignación, esclavitud, amputaciones, olvido e indigencia. Son pequeños fragmentos de vidas que ignoramos. Gente que intenta sobrevivir, que malvive, que solo existe en su propio pensamiento, en su propio barro y en el desdén ajeno.

El protagonista proclama reivindicaciones necesarias mientras viaja por estos países con su grupo de voluntarios. Entre estas páginas encontramos un soliloquio de un protagonista que no evita la crítica social y que habla sobre el mundo en el que vivimos actualmente y la cara menos amable de este. Él es, en definitiva, un hombre que escribe poemas al final de cada día, tras las vivencias en cada país, cuando sus compañeros se han ido a dormir y a él le toca hacer guardia.

En Nostromo Magazine hemos hablado con Enrique Rojas sobre literatura, viajes y voluntariado y este ha sido el resultado:

¿Cuándo escribiste esta novela? En ella, los personajes utilizan pesetas y Siad Barre acaba de ser derrocado del poder en Somalia (eso ocurrió en 1991).

La novela está escrita ahora, pero está basada en hechos del año 1991 y 1992 aproximadamente. Es un viaje real y preferí mantener los datos reales de aquella época. No se nota que está escrita actualmente, pero son recuerdos de hace veinticinco años aproximadamente.

¿Cuánto tiene de ti el protagonista?

Todo. La novela está basada en hechos reales, en un viaje que hice hacia 1991 o 1992. El protagonista es real y soy yo.

¿Has visitado todos los países que aparecen en la novela?

Todos, absolutamente todos.

¿Y qué tal fue la experiencia?

Fue lo mejor que hice en mi vida. Esos viajes y esas vivencias te cambian la forma de pensar. Hacer ese viaje con veinte años te cambia mucho. Tengo una anécdota. Cuando llegué del viaje, llevaba aquí una semana aproximadamente y recuerdo un problema de un familiar mío al que no le funcionaba el secador del pelo. Imagínate cuando llegas de un viaje como ese qué problema puede suponer que no funcione un secador de pelo.

Los problemas del primer mundo.

Claro, tienes que cambiar el chip. Esa es una conclusión que saqué del viaje: que somos unos privilegiados y que no tenemos ningún problema grave. Incluso ahora con el virus. Aquí al menos podemos morir en un hospital. Ese viaje te cambia tu percepción del mundo.

El protagonista vive enamorado de las palabras. ¿Tú también escribías poemas como el protagonistas en las noches africanas?

Claro. Yo escribo poemas en cualquier sitio. Tengo varios libros de poemas publicados porque a mí la poesía me gusta mucho. Los poemas que escribí en las noches africanas y americanas no tenían la calidad de la novela, pero sí escribía. Las escenas del protagonista escribiendo son ciertas. Allí es muy difícil dormir por el calor, por la situación y por la mente. Dormía solo por cansancio y porque no podía más, así que dedicaba parte del tiempo en escribir.

¿Fuiste a ese viaje como voluntario?

Sí, fui como voluntario de una oenegé. Tal y como lo cuenta la novela, a partir de un desengaño.

¿Has tenido más experiencia con el voluntariado?

No, porque ya cumples una edad en la que tienes unos compromisos y piensas en un futuro. Es complicado irte porque empieza la vida laboral. Solo para cuando uno no tiene ningún tipo de carga.

Ya que has ido a tantos países, ¿cuál te gustaría visitar?

Me encantaría visitar India. Nepal y Egipto también, pero sobre todo India. Son sitios que quizás, algún día, visitaría, pero de otra manera, es decir, sería una visita turística.

Hay algunos personajes cuyas vidas parecen estar basadas en hechos reales. Cuando el protagonista viaja a Guatemala conoce a Marilena, cuya historia es muy dura, pero verosímil. ¿Te has basado en historias y testimonios reales para algunos personajes como ella?

Al principio de escribir la novela era muy reacio a decir que mi historia era real. Por estas cosas me he visto obligado a hacerlo. Cuando veo a alguien que ha hecho un gesto voluntario y lo pregona a los cuatro vientos me parece que es más publicidad que voluntarismo. Por ese lado, no quería hacerlo, pero la gente comenzaba a preguntarme cosas como esas y al final no me quedó mas remedio que confesar que el viaje era real al noventa por ciento. Hay un personaje que sale en la novela, el cirujano José Luis, que no estuvo en el viaje. Fue una persona que conocí a posteriori. Su historia es dura y quería meterlo en la novela para hacerle un pequeño homenaje.

Los personajes que acompañan al protagonista en la novela, exceptuando a José Luis, son reales, pero ¿conservan sus nombres o se los has cambiado?

Sus nombres aparecen en la dedicatoria del libro y están por orden de aparición en la novela. No utilicé sus nombres reales porque, conociendo a estas personas, seguramente no les gustaría que aparecieran sus nombres reales en la novela. Porque hacen esos actos solidarios de forma anónima.

¿Crees que el mundo actualmente se está quedando sin sentimientos y por tanto está muriendo?

En gran medida y por desgracia, sí. Pero también creo que hay una inmensa minoría que está todo el día aguantando y que tiene mucho más poder del que creemos. El ínfimo porcentaje de personas a los que les importan los ideales y los sentimientos se va a terminar imponiendo a la gran mayoría, a los que no les importan.

He conocido lo mejor y lo peor de la condición humana. Lo mejor de la condición humana se va a terminar imponiendo porque es más fuerte, aunque sean menos. El mundo se está quedando sin sentimientos cada vez más e importa cada vez menos los demás. Somos unos egoístas, nos importamos solo nosotros y a veces ni nosotros mismos. Me preocupa que mi hija con once años se encuentre un mundo donde los sentimientos importen poco.

Crees que las personas que se preocupan por los sentimientos son menos, ¿o quizás son más, pero son la mayoría silenciosa y los otros hacen más ruido?

Yo creo que son menos, pero son muy fuertes y tienen mucho poder. Espero, al menos, que sea así.

¿Ha cambiado la situación desde que hiciste aquel viaje de voluntariado hasta ahora? ¿Crees que ha ido a mejor o a peor?

Sigo viviendo en el mismo sitio y sigo viéndolo todo igual. Pienso que hay mucho menos compromiso ahora que entonces. En algunas presentaciones o charlas con amigos, la primera pregunta que me hacen, y que me duele en el alma, es: ¿cuánto dinero ganaste con eso? Al principio me molestaba un poco. Yo no gané nada de dinero y no se lo creen. Después de hacer un viaje de dieciocho meses, te dicen que lo harías por algo, no por gusto.

Dinero no ganaste, pero experiencia y aprendizaje, sí.

Sí, pero no merece la pena intentar convencer a una persona de que ganaste aprendizaje y experiencia. A veces, cuando hablo con los niños de un instituto sí les hablo de la experiencia que gané, pero a una persona con cincuenta, sesenta o setenta años no me merece la pena decirle que gané experiencia.

Hay quien dice que tras la pandemia saldremos mejores personas y que la gente será más solidaria. ¿Crees que es así?

Soy muy pesimista. Desde la primera ola hasta ahora no hemos cambiado mucho. Sigo viendo a la gente pasando de todo, dándole igual contagiar a sus padres, a sus abuelos… He visto a niños y a personas adultas en un bar estando su madre enferma. Es decir, si cogen el virus ella se muere. Yo creo que no saldremos mejores, a muchos les da igual. No vamos a empeorar, pero creo que vamos a seguir igual.

En un momento de la novela, el protagonista dice: «Allí en aquellos confines en los que una vez viví ya no queda nadie. Es un paraíso desierto. O un desierto en mitad del paraíso. O no es ya ni siquiera un paraíso. Ni lo fue. Ni lo será nunca». Parece estar huyendo. ¿De qué? ¿Y adónde se dirige?

Era una huida a lo que tenía alrededor. Me crie en un barrio marginal. No de gente pobre, sino marginal. Yo huía no solo del barrio sino también de ese tipo de gente para quienes su vida y su disfrute era la droga. Yo buscaba algo, quería un sentido a mi vida. Todavía no sé adónde quiero llegar con cuarenta y siete años, pero sí sabía dónde no quería terminar y lo conseguí. Hay gente peor que yo y yo tengo que intentar que cada vez haya menos gente peor que yo.

Por último, Rojas nos recomienda varios libros como es tradición en las entrevistas literarias de Nostromo Magazine. Dos de ellos son Ensayo sobre la ceguera y Las intermitencias de la muerte, ambos de José Saramago. Como es poeta, también nos recomienda La realidad y el deseo, del sevillano Luis Cernuda, una «obra imprescindible y que debería ser lectura obligada», según dice. También nos recomienda cualquier obra de teatro de García Lorca y Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena. Para la gente que lee con más asiduidad recomienda también Toda la noche oyeron pasar pájaros, de José Manuel Caballero Bonald. En el momento de la entrevista, Rojas estaba leyendo otro libro del longevo escritor jerezano: Campo de Agramante. Hablando de Caballero Bonald concluimos la entrevista. Ojalá que nos dure muchos años más, coincidimos ambos. Y que así sea.

Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Nunca he leído un libro con el voluntariado como tema principal. El mensaje que tiene, eso sí, me ha recordado mucho a Regálame una sonrisa, de Ada Sillero.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s