Los guardianes del faro (Ático de los Libros, 2021), de Emma Stonex y traducido por Cristina Riera Carro.
En la víspera de Año Nuevo de 1972, un barco navega hasta una isla para relevar a tres fareros, pero cuando llega no hay rastro de ellos. Así comienza Los guardianes del faro (Ático de los Libros, 2021, con traducción al castellano de Cristina Riera Carro), una historia que se inspira y homenajea a tres guardias desaparecidos en el año 1900 en un faro de las Hébridas, aunque esta obra es de ficción.
Localizada en Cornualles, esta historia de Emma Stonex (Inglaterra, 1983) tiene al faro donde trabajan los tres guardias como un personaje más. Allí se produce la misteriosa desaparición, que dispara las especulaciones tras descubrirse que la puerta del faro estaba cerrada por dentro y que todos los relojes estaban parados a la misma hora.
La novela comienza con el traslado de un guardia al faro mientras escucha por la radio la desaparición de una niña, que anticipará lo que está por ocurrir. Después de presentar la historia, la narración viaja veinte años hacia el futuro (1992), cuando Dan Sharp, un escritor, quiere entrevistar a las viudas de los tres fareros, y luego de vuelta a 1972. Así, mientras en 1972 se narra la convivencia de los tres hombres, cada uno con los fantasmas de sus pasados, en 1992 el lector conoce cómo es la vida de sus esposas años después de sus desapariciones, además de sus miedos y anhelos.
Arthur, uno de los fareros, decía que el mar estaba de su lado. Sin embargo, Vince, el más joven de ellos y exrecluso, responde: “Dudo que el mar tenga demasiada consideración con alguien”. A Vince no le gusta el mar; Arthur, por su parte, no se siente cómodo en tierra firme. En cuanto a las esposas, Helen dice que la vida sigue aunque en la tuya desaparezca alguien para siempre, y explica cuáles son sus sensaciones al asimilarlo. Las esposas, sobre todo Helen y Jenny, confrontan entre sí: una cree en el regreso de los fareros o en que al menos están vivos; la otra, no. La tercera, Michelle, esposa de Vince, no quiere hablar. Sienten culpabilidad como si la tristeza no fuera suficiente, y se preguntan qué habría pasado si algo hubiera cambiado, aunque fuera el más mínimo detalle.
El narrador plantea dilemas como si es mejor dejar un caso abierto o cerrarlo y creer en una hipótesis para descansar, si es que eso implica descanso para todos. También invita a reflexionar sobre valorar el presente porque luego, cuando perdemos lo que poseemos, es cuando empezamos a hacerlo, en este caso las esposas lo opinan sobre sus maridos. Ellas hablan sobre superar el duelo y tener a sus esposos todo el día en sus pensamientos para poder seguir viviendo aunque eso también sea una carga que les haga pensar que la vida no tiene sentido.
No es lo mismo trabajar en un faro en tierra firme que en uno en una roca en mitad del mar, como era su caso, y no poder salir del faro. Incluso en el lugar con más restricciones, como una cárcel, hay quien se siente más libre que en otra parte, bien lo sabe Vince, que guarda su pasado en secreto. Arthur también esconde algo que le ocurrió en el pasado, y Bill, el tercero de los fareros, siente que Arthur le detesta. El faro es una buena oportunidad para estar solos y para conocerse a sí mismos y a sus compañeros.
No es lo mismo ser solitario que sentirse solo, opina uno de los fareros. En la ignorancia está la felicidad, piensa otro. Jenny cree que es mejor no saber. Los tres fareros tenían asuntos turbios en sus pasados o formas de ser que hacía difícil sospechar solo de uno de ellos, y al final las sospechas también se dirigen a terceros que pudieron haberlos hecho desaparecer, porque reciben una visita inesperada en el faro.
Stonex pone a los personajes en situaciones comprometidas cuando reflexionan sobre sus vidas y crea una atmósfera de misterio. El lector tiene la sensación de que algo puede ocurrir en cualquier momento. Cuando empieza la novela, ya se sabe qué ha acontecido, pero el lector no puede evitar la incertidumbre de saber cuándo va a suceder. Toda historia tiene más de una versión, dice uno de los personajes. Y hay misterios que están destinados a no resolverse, como opina Helen.
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): El lugar donde se localiza la historia de los fareros es Cornualles, un lugar curioso que me ha recordado a La ballena de St Piran, una novela de John Ironmonger también situada allí.

