Romancero gitano (Editorial Comares, 1998), de Federico García Lorca.

Durante la Feria del Libro de Málaga de 2021, celebrada en noviembre, me enamoré de una edición del Romancero gitano (Editorial Comares, 1998). El día que la vi ya iba cargado de libros, así que pensé en volver al día siguiente. Eran más de las seis de la tarde, y al día siguiente volvería por la mañana, así que, aunque era muy bonita, no creí que pudiera agotarse. Se agotó. Por suerte, trajeron otra remesa unos días después y ahí sí la conseguí.

Esta es una edición facsímil de una de las obras poéticas más importantes de Federico García Lorca (1898-1936). En ella se reúnen poemas de 1924 a 1927, y comienza con el Romance de la luna luna, uno de los más famosos de la producción poética del genio granadino junto a la historia de Preciosa, que sigue a esa. El Romance de la luna luna desarrolla una conversación entre un niño agonizante y la luna. El niño avisa a la luna de la llegada de los gitanos, pero la muerte se lo lleva. La luna, como ente protector, contempla la muerte infantil y lo acompaña. Este poema, cantado por Camarón de la Isla, como otros de Federico, me gustó tanto que me lo aprendí de memoria.

Preciosa y el aire es la segunda historia que Federico presenta. Preciosa es una joven que intenta escapar del aire que la persigue con insinuaciones, y su lirismo deja algunos versos bellísimos, como: «por un anfibio sendero de cristales y laureles». En este poema se suceden situaciones poco agradables, como la persecución de Preciosa por alguien que quiere hacerle daño, que derivan en angustia.

En otros poemas, Federico escribe: «la tarde loca de higueras y de rumores calientes». Casi puede sentirse esa tarde. También narra una reyerta donde alguien muere a punta de navaja, aunque aparece la figura del toro, por lo que podría confundirse la muerte a navaja con la de asta de toro.

Hay otros poemas sublimes como el Romance sonámbulo, que es aquel del famoso «verde que te quiero, verde…», que se ha llevado a la música y que se ha popularizado. La poesía de Federico siembra la mirada del lector con imágenes preciosas como esos «ojos de fría plata» de la gitana de un poema.

En otro, escribe: «por los ojos de la monja galopan dos caballistas» y «se quiebra su corazón de azúcar y yerbaluisa». Hay un poema llamado San Miguel, en cuya última página hay un dibujo hecho a mano por el propio autor que se supone que es del santo. Tras este, están los poemas San Rafael, en el que habla sobre Córdoba por ser su Custodio, y San Gabriel, donde habla de Sevilla.

Prendimiento de Antoñito Camborio se lo dedica a su amiga Margarita Xirgú, y luego, en otro que se llama Antoñito Camborio a secas, desarrolla el día en que Antoñito fue  a ver los toros a Sevilla con una vara de mimbre. Por el camino cortó limones redondos y los echó al arroyo hasta hacerlo de oro. Sin embargo, se convierte en otro poema con luminosidad que termina en tragedia. Antoñito, atacado, pide al poeta: «Federico García, llama a la Guardia Civil», por lo que el poeta se incluye a sí mismo en boca de otro.

Luego, en el Romance de la Guardia Civil, Federico mezcla a la Benemérita con el portal de Belén, ocupado por san José, la Virgen María y los gitanos. El último poema narra una violación, cerrando un círculo de tragedias, muertes y persecuciones, entre otros acontecimientos que en el fondo encierran una belleza descriptiva gracias a la irrepetible pluma del poeta.

Federico usa la rima en los poemas, lo que los embellece más. A mí, además, me gusta más la poesía que rima, siempre y cuando tenga calidad, claro. Si no la tiene, la rima sirve de poco. Destaca la abundante presencia de elementos de la naturaleza, la luna, el viento, el amanecer, la higuera, los gitanos, los guardias civiles, el mar, la montaña, los niños, el cristal, los nardos y  el color verde. El verde de los guardias civiles, pero también el verde del campo y el verde de su Andalucía, que tanto lo echa de menos noventa años después.

Como aspecto negativo, destacaría que hay muchas comas criminales, es decir, comas que separan sujeto y predicado. Aunque han hecho bien en mantenerlas si así venían en el Romancero original, creo que elementos así podrían haberlos corregido porque no le habría hecho mal al poemario, al contrario. No sé si cuando Romancero gitano se publicó existía esta regla, si no estaba extendida o si Lorca se equivocó. Para la lectura en voz alta, y para una mente perfeccionista y dedicada a la corrección como la mía (que también puedo equivocarme, pero si veo un fallo lo corrijo), esas comas criminales ensucian una edición por lo demás impecable.

Todos los poemas tienen una musicalidad exquisita y característica. Aunque traten tragedias, como suele ser común, Federico las desarrolla con un lirismo bello. Mezcla el duende andaluz y la esencia del ser humano, conjugado con su entorno y subyugado a sus circunstancias políticas, históricas y sociales. Isabel Bono habla en un aforismo de Hielo seco sobre lo bello y lo triste, esa conexión compatible. Los poemas de Federico aúnan ambos con maestría.

Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Cada cosa que leo de Lorca me recuerda a todo lo demás que he visto o leído de o sobre él. Por ejemplo, el libro Federico de Ilu Ros, o los innumerables volúmenes sobre él que tengo pendientes en mi biblioteca. También me ha recordado al episodio del Ministerio del Tiempo donde el actor Ángel Ruiz interpreta al poeta. Ruiz también ha interpretado a un gran artista coetáneo de aquel, Miguel de Molina, es un espectáculo teatral emotivo que puede verse en la web de RTVE y que recomiendo fervorosamente.


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