Cimientos de papel (Editorial Quaestio, 2020), de Carlos Ignacio Pareja González.

*Esta reseña la publiqué en Nostromo Magazine junto a la de los otros dos libros del autor (Ay, Isabel y Ruedas de oro)

Una excavación en la Alhambra deja al descubierto un misterio oculto desde hace mil setecientos años. Esto podría suponer un cambio en Occidente e incluso enfrentar a dos estados: España y la Ciudad del Vaticano. Se trata de una historia que viaja temporal y espacialmente, desde el Imperio Romano hasta el Vaticano del siglo XXI.

Esta novela, prologada por José Medina y con un apartado de bibliografía, está plagada de misterio, de historia y de religión. Victoria Heredia, la protagonista, comienza con un soliloquio hablando sobre sí misma y de sus padres. Trabaja en una excavación en la Alhambra, investigando un túnel que se construyó para abastecer de víveres el palacio cuando se producían revueltas extramuros.

Victoria siente una gran soledad porque sus padres fallecieron y su tío, el único familiar que le queda, está enfermo y vive en Málaga, ciudad a la que añora volver aunque ella trabaje en la bellísima Granada. Como contraposición, encontramos el personaje de Esteban, un cura que trabajó en el Vaticano y que, al contrario de Victoria, no añora volver allí.

El descubrimiento que hace el equipo de Victoria lo conocen solo unos pocos, pero corre el riesgo de que llegue a oídos del obispo y se produzca un choque entre administraciones. Victoria, con muchos frentes abiertos porque se preocupa por todo y por todos, reconoce que ese descubrimiento es todo un sueño para ella, pero si no lo gestiona bien puede acabar con su carrera.

Por estas páginas vemos nacer y asentarse una religión. El lector se pregunta qué habría pasado en la actualidad si algunos detalles del pasado hubieran sido diferentes. El ser humano solo conoce una ínfima parte de la historia porque hay hechos desconocidos o aún no descubiertos.

Cuando la narración viaja hasta el Imperio Romano, uno de los personajes quiere establecer una doctrina para prohibir la fornicación no sujeta a compromiso con Dios. En otra escena, esta vez en el presente, un personaje pregunta a otro sobre una mujer: si está casada y si tiene hijos. Ese otro, un eclesiástico, le dice que ha hecho una sola pregunta, pues si tiene hijos será porque está casada, no lo concibe de otra manera. ¿Cuánto hemos cambiado en varios siglos?

El autor nos pone frente a personajes que rechazan cambios en la Iglesia y en la sociedad y que deben escoger entre tradición y verdad. Las descripciones de las emociones de los personajes, de sus rutinas y de los espacios en que se mueven llenan estas páginas cargadas de historia. En Ay, Isabel vimos a Carlos V y en esta novela nos encontramos con Constantino. Dos emperadores, dos novelas. Y como telón de fondo, la religión, la historia y el poder.

Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Tengo en casa varias novelas que podrían recordarme a esta, pero aún no he leído ninguna de ellas, así que no puedo citarlas.


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