Campos de Níjar (Galaxia Gutenberg, 2019), de Juan Goytisolo.

Andalucía fue durante gran parte de los siglos XIX y XX tierra de emigrantes. Soy andaluz, de padres, abuelos y bisabuelos andaluces. Creo que tengo raíces manchegas por parte de alguno de mis tatarabuelos, pero no estoy seguro. Lo más probable es que mi sangre venga padeciendo el inclemente sol andaluz desde hace varios siglos. Sin embargo, como decía en la primera frase de esta reseña, son multitud los andaluces que han emigrado, dejando atrás para siempre sus raíces andaluzas para asentarse en Madrid, Cataluña, Francia, Bélgica, Alemania o Argentina, entre otros lugares (una de mis bisabuelas emigró a Francia).

Campos de Níjar (Galaxia Gutenberg, 2019) no habla de emigración, aunque es un deseo que late en el corazón de muchos de sus personajes. En los años cincuenta del siglo XX, Juan Goytisolo (1931-2017) viajó por Almería y por algunos de sus pueblos y escribió todo lo que allí vio y vivió. Durante su viaje se mueve en autobús, hace autoestop y también viaja en coche en alguna ocasión gracias a la generosidad de aquellos con los que se encuentra en su camino. Viaja por municipios como Cabo de Gata, Níjar, Garrucha, El Alquián, Rodalquilar, Escuyos y Las Negras. Entonces, Níjar era uno de los municipios más pobres de España, y otros que le rodeaban no se quedaban atrás, por desgracia. 

El escritor catalán retrata la supervivencia de los habitantes de aquellas tierras desérticas y estériles, bajo el sol abrasador y las sequías cada verano y las heladas en invierno. Goytisolo describe su viaje y sus vivencias: el mercado, los niños, el calor, la aridez. Y también el desencanto de los almerienses, hartos de trabajar la tierra por dos duros, con la espalda doblada desde los diez años. Esos almerienses a los que se les hace la boca agua al escuchar la palabra «Cataluña» porque conocen a este o aquel que fue y que tiene una vida mejor.

El autor narra la vida de las gentes y sus rutinas, mencionando con frecuencia su anhelo de una vida mejor (ay, Cataluña, suspiran algunos). Destaca la hospitalidad de los almerienses y los colores del paisaje, aunque esto no consigue borrar el hastío vital que sufren por la escasez de recursos y esperanzas de futuro. Están ansiosos por huir de esa tierra de ruina y miseria donde abundan la muerte y las enfermedades. Detrás de todo eso, los almerienses aprecian una luz, una esperanza que no debería estar tan lejos de su alcance pero que les permite creer que no tienen por qué seguir viviendo así. «Dicen que el mundo cambia y pronto llegaremos a la luna, pero pa nosotros tós los días son iguales», dice uno de los personajes almerienses con los que Goytisolo se encuentra.

Como puede verse en la anterior cita, el escritor catalán ajusta los diálogos al dialecto andaluz, aunque para las descripciones (que salen de su pluma) utiliza un lenguaje más bien alambicado y casi culto para darle pomposidad. Como él mismo explica, no llueve porque no hay árboles y viceversa. Como resultado, una erosión y sequía terribles para los lugareños.

Las historias que Goytisolo traslada conmueven el alma. Termino de leer este libro y siento una profunda pena por las tristes vidas de los personajes que el autor conoce en su trayecto. Sin embargo, también siento orgullo de mi tierra al leer esta crónica veraz y agradecida de un Goytisolo explorador. Campos de Níjar es un libro espléndido por los retratos humanos que hace su autor sobre la gente de Almería y sus pueblos. Es el reflejo de una época de extrema pobreza en una tierra muy castigada a lo largo de la historia.

Soy malagueño, y solo parte de mi familia es granadina. Nada me une a Almería más que la pertenencia a Andalucía, pero eso es suficiente porque al fin y al cabo somos lo mismo y estamos bajo el mismo techo y pobreza históricas. Goytisolo reconoce la fortaleza de los almerienses y los ensalza en un párrafo con el que concluiré esta reseña:

«Su aportación [la de los almerienses] fue casi siempre anónima. Formaron la callada tripulación de los galeones, la sufrida tropa de los ejércitos, la mano de obra oscura y abnegada. Y si Almería figura poco en los manuales de Historia, allí donde en una época u otra los españoles pusieron pie, las fosas comunes del mundo entero contienen sin duda un buen porcentaje de almerienses».

Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Este libro me ha recordado mucho a Viaje al sur, de Juan Marsé, donde el escritor catalán (como Goytisolo, otra similitud con aquel) habla sobre un viaje que hizo a Andalucía (no solo recorre a Almería, también otras provincias). Además, me ha recordado a esos escritores españoles o extranjeros, sobre todo románticos, que viajaron por Andalucía durante los siglos XIX y XX y ensalzaron el mito de Carmen y de ciudades como Sevilla o Ronda.


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