Autor/a extranjero/a·Narrativa

“El extranjero”, de Albert Camus

Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias». Pero eso no quiere decir nada. Quizá fuera ayer.

Comienzo de El extranjero, de Albert Camus

El extranjero (Planeta, 1973), de Albert Camus y traducido por Bonifacio del Carril, es un libro que considero imprescindible para cualquier lector que se precie. Siempre me sorprendió de Camus que ganara el Nobel de Literatura tan joven, y pensé que esta obra tendría que ser una obra de arte. La verdad es que me esperaba un poco más (a veces soy demasiado exigente, lo admito), pero reconozco que tiene mucho mérito que una novela de tan corta extensión reúna una historia tan espléndidamente construida y trabajada.

El protagonista se apellida Meursault y la novela comienza con la muerte de su madre en Argel (casualmente, Camus nació en Argelia). El protagonista es, sin ninguna duda, un alter ego del autor, y la novela, escrita, en primera persona, nos produce un efecto espejo en el que llegamos a dudar si el que narra es Camus o Meursault.

La vida de Meursault, tras la muerte de su madre, parece desarrollarse de manera normal: sale con una novia, va a trabajar… Sin embargo, en una excursión a la playa con su novia y un vecino, una amenaza que en realidad le terminará empujando a matar a un hombre. Aquí comienza lo crudo. La segunda parte del libro ya transcurre en la cárcel, donde vemos a un Meursault en continua reflexión, en plena búsqueda de la libertad y del amor por María, su novia, a la vez que resiste el sofocante calor africano.

La muerte de su madre y el asesinato del hombre árabe se entrelazan como los dedos de una mano y, aunque seguimos viéndolo todo desde la óptica del protagonista, llegas a dudar de que quizás las cosas fueran distintas. Las páginas se suceden con el juicio, donde sale a relucir la personalidad del protagonista una vez más, y donde la pena a la que es condenado terminará de dibujarnos a un personaje de los más particular que se aleja del perdón de Dios hasta aborrecerlo y que recuerda a su madre entre humo de cigarros que, dentro de la cárcel, ya no puede fumarse.

Es esta una novela muy intimista, donde el protagonista nos narra escenas como el fallo del jurado en el juicio de una manera tan directa y punzante que casi hiere y parece que la condena va dirigida a nosotros. Una novela tremenda que va de menos a más, donde las primeras treinta páginas apenas nos provocan un bostezo y donde las treinta últimas nos obligan a no despegar los ojos ni un segundo para no perdernos ni un detalle de la evolución de Meursault. Una gran obra, sin duda, de un autor que murió demasiado joven también y del que me gustaría leer pronto El mito de Sísifo, libro que, por cierto, tengo en casa esperándome con los brazos abiertos.

P.D.: A partir de mañana ya es octubre, y eso quiere decir que este blog dejará de publicar dos reseñas semanales (lunes y jueves) como lo lleva haciendo un año, para pasar a publicar una semanalmente (cada lunes). El ritmo lector ha decaído, aunque no demasiado, y esa es quizás la causa principal de este cambio, sumada a que estoy en el último año del grado universitario y necesita mi atención al máximo.

4 comentarios sobre ““El extranjero”, de Albert Camus

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